Su llegada a la Facultad de Ciencias Exactas estuvo marcada por la pandemia, pero también por una oportunidad que transformaría su trayectoria académica. Desde Ecuador hasta Argentina, España, Brasil, Bolivia y Chile, Juan Molina construyó durante su doctorado una experiencia internacional atravesada por la investigación, la movilidad, los vínculos académicos y el aprendizaje en distintos laboratorios.
“Me gusta LIBS, me gusta Física, quería hacer un doctorado, me gusta Argentina, me encanta Argentina”. Así recuerda Juan Molina el momento en que decidió postularse a una convocatoria de Becas Doctorales del CONICET para realizar su doctorado en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.
El vínculo había comenzado algunos años antes, en 2015, cuando participó en un encuentro de Física organizado por la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador. Allí conoció a Diego Díaz Pace, quien posteriormente sería su director de doctorado. Cuatro años después, mientras terminaba su carrera de Física, recibió la propuesta de postularse al doctorado en Fisica, con la propuesta de desarrollar una investigación con la técnica LIBS —espectroscopía de plasmas inducidos por láser— en la Facultad.
La postulación resultó exitosa: obtuvo el primer lugar en el orden de mérito de Física entre los postulantes de Latinoamérica. El viaje, sin embargo, tuvo que esperar. Su llegada a Argentina estaba prevista para abril de 2020, pero el inicio de la pandemia modificó los planes.
Finalmente, en 2022 pudo viajar y conocer Tandil. Después de pasar una semana en Buenos Aires, llegó a una ciudad que rápidamente lo conquistó, aunque con una bienvenida particularmente fría: era julio y, como cuenta entre risas, era la primera vez que sentía tanto frío.
“Tandil me encantó”, recuerda. La tranquilidad de la ciudad, la amabilidad de sus habitantes, el lago y las sierras fueron algunos de los aspectos que más disfrutó durante los años que vivió allí.
Aprender investigando
En la Facultad, Juan desarrolló su investigación doctoral principalmente en los laboratorios. Realizaba mediciones, procesaba datos y trabajaba con muestras en el marco de su investigación sobre el análisis químico del litio.
Entre sus primeros recuerdos aparece su llegada al laboratorio y el contacto con los equipos de investigación. “La primera vez que ingresé al laboratorio me gustó bastante”, cuenta, y destaca especialmente aquellos equipos de alta resolución que le permitieron desarrollar sus mediciones.
También recuerda la libertad para organizar sus tiempos de trabajo y los espacios que la Facultad ponía a disposición para continuar con el procesamiento de los datos. El laboratorio, la oficina y la biblioteca se convirtieron así en parte cotidiana de su experiencia durante el doctorado.
Pero esa experiencia no quedó limitada a Tandil. La investigación lo llevó a conocer otros laboratorios y otras formas de trabajo.
Una movilidad que aceleró su investigación
En 2023, una nueva oportunidad de internacionalización lo llevó hasta la Universidad Pública de Navarra, en España. A partir de los vínculos académicos de su director con investigadores de esa institución, Juan pudo postularse a una beca de la Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado (AUIP), que le permitió realizar una estancia de tres meses.
El objetivo era concreto: llevar muestras previamente preparadas en la UNICEN y realizar mediciones en los equipos de la universidad española.
“Los equipos de ellos son más modernos, y la ventaja es que te permite hacer más mediciones en menos tiempo”, explica.
Durante la estancia pudo familiarizarse con nuevos equipos, realizar mediciones y avanzar en el procesamiento de datos. La experiencia tuvo un impacto directo en su investigación: estima que el trabajo realizado en España le permitió ahorrar alrededor de seis meses.
Sin embargo, además del equipamiento y los resultados científicos, Juan destaca otra característica de su experiencia en ese laboratorio: la confianza.
Le dieron libertad para organizar sus tiempos e incluso las llaves del laboratorio para poder trabajar. “Me gustó que me daban libertad en mi tiempo y que confiaron en mí”, señala.
Ese vínculo continúa hasta hoy. A partir de aquella movilidad, Juan mantiene contacto con investigadores de la Universidad Pública de Navarra, con quienes incluso publicó un artículo científico. También recurrió a ellos posteriormente para solicitar cartas de recomendación para nuevas oportunidades de formación.
De Tandil a Brasil, Bolivia y Chile
Durante su doctorado, Juan participó en la Escuela Nano Andes, realizada en la Universidad Estadual Paulista, en Araraquara- Brasil, donde además tuvo la posibilidad de visitar Sirius, el acelerador de partículas del sincrotrón brasileño.
En 2024 participó en la Escuela Nano Andes realizada en Bolivia y, en 2025, fue instructor invitado de la edición realizada en Chile, en modalidad virtual.
En Argentina, su recorrido incluyó también espacios de encuentro científico. En 2023 asistió al Encuentro del Centro Internacional de Ciencias de la Tierra (E-ICES) realizado en Mendoza. En 2024 participó en el XIX Taller de Óptica y Fotónica (TOPFOT) y el XIV Encuentro de Estudiantes de Óptica y Fotónica (EEOF) organizado por estudiantes de Física en Bariloche.
Cada una de estas experiencias fue sumando nuevos contactos, conocimientos y posibilidades de colaboración.
“Lo que más he podido, con beca, y bueno, siempre hay que pagar algo, pero creo que vale la pena”, afirma al recordar las distintas oportunidades de movilidad que aprovechó durante su formación.
Más allá de las fronteras académicas
Para Juan, la experiencia internacional no se mide solamente en cantidad de países visitados o actividades realizadas. También está relacionada con lo que sucede cuando se entra en contacto con otras personas, otras instituciones y otras maneras de investigar.
Durante sus años de formación aprendió a desenvolverse con mayor independencia y a adaptarse a diferentes culturas y formas de trabajo.
“Pienso que maduré bastante, aprendí de diferentes culturas y cosas en Argentina que eran distintas de Ecuador”, cuenta.
En ese proceso también encontró espacios para construir amistades y desarrollar actividades que no estaban directamente relacionadas con la investigación. En Tandil, por ejemplo, comenzó a jugar al tenis, una actividad que no había imaginado practicar antes de llegar a la ciudad.
La experiencia internacional también permitió fortalecer los vínculos con Ecuador. Durante su doctorado continuó colaborando con investigadores de su universidad de origen y realizó estancias para trabajar en el laboratorio de la Escuela Politécnica Nacional. De esas colaboraciones surgieron también publicaciones científicas vinculadas con aplicaciones de la técnica LIBS.
Cerrar una etapa, volver a casa
Después de varios años de formación internacional, Juan regresó a Ecuador, donde actualmente trabaja como técnico de investigación en el Departamento de Física de la Escuela Politécnica Nacional.
Su regreso estuvo acompañado por un momento muy especial: la defensa de su tesis doctoral, de manera virtual, desde su Universidad en Ecuador, donde le garantizaron un espacio equipado con cámara, micrófonos, un televisor, para ese momento tan significativo. Y esta vez, detrás de cámara, había muchas personas importantes para él: su familia, compañeros de trabajo y amigos.
“Yo nunca pensé que iba a estar mi familia en mi defensa”, cuenta. Si bien sus familiares habían podido visitarlo durante su estadía en Argentina, nunca imaginó que estarían presentes en ese momento. “No esperaba que iba a terminar así el doctorado”, reconoce.
Después de años de viajes, laboratorios, congresos y estancias de investigación, el doctorado encontraba su punto final con Juan nuevamente en Ecuador, pero llevando consigo una experiencia construida en varios lugares.
Una formación que vuelve a Ecuador
Para Juan, los conocimientos adquiridos durante estos años representan un aporte importante tanto para su desarrollo profesional como para la ciencia de su país.
Ecuador no cuenta con un programa de doctorado en Física, por lo que la posibilidad de formarse en el exterior le permitió acceder a conocimientos, equipamiento y experiencias que no hubiera podido adquirir de la misma manera en su país.
Pero además de los conocimientos científicos, regresó con una red internacional construida a lo largo de su trayectoria: colaboraciones con investigadores de Argentina y España, contactos establecidos en congresos y la posibilidad de continuar desarrollando trabajos conjuntos.
Durante su formación también mantuvo vínculos con investigadores de Ecuador. En distintas oportunidades realizó estancias en el laboratorio de la Escuela Politécnica Nacional, donde trabajó con aplicaciones de la técnica LIBS y participó en investigaciones que posteriormente dieron lugar a publicaciones científicas.
“Siempre te pueden dar los datos y tú procesarlos de otro país. O a veces una oportunidad de postular a una beca y se puede hacer una estancia”, explica, destacando cómo las redes construidas durante una experiencia internacional pueden continuar generando nuevas oportunidades incluso después del regreso al país de origen.
Para Juan, otro aspecto fundamental de su experiencia fue haber transitado su formación en instituciones públicas. Tanto su universidad de origen como la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires son instituciones públicas y, como destaca, pudo acceder a una formación de calidad y a equipamiento científico sin tener que pagar por su educación.
“Yo no pagué un centavo por toda la educación de calidad que recibí, de los equipos que me dieron”, señala.
Un mensaje para quienes quieren hacer una movilidad
Con la experiencia de haber atravesado distintos países, laboratorios y espacios académicos, Juan invita a quienes están pensando en realizar una movilidad internacional a aprovechar las oportunidades que aparezcan.
Las becas, las estancias, y los congresos pueden convertirse en puertas de entrada a nuevas experiencias, conocimientos y vínculos. Incluso cuando una convocatoria no cubra todos los gastos, considera que vale la pena hacer el esfuerzo.
Su propia trayectoria es un ejemplo: una oportunidad de doctorado lo llevó desde Ecuador hasta Tandil; una beca de la AUIP lo llevó a España; y su participación en escuelas y encuentros científicos amplió su recorrido hacia Brasil, Bolivia y Chile.
En el camino quedaron publicaciones, nuevos conocimientos, amistades y colaboraciones que continúan hasta hoy.
Por eso, su recomendación para otros/as estudiantes e investigadores/as es que hay que animarse a salir, aprovechar las oportunidades y tener la mente abierta para aprender de cada experiencia.
Después de todo este recorrido, Juan conserva además un vínculo especial con la Facultad de Ciencias Exactas y con Argentina, el país que eligió para desarrollar una parte fundamental de su formación.
Y cuando se le pregunta qué se lleva de todos estos años, su respuesta resume, con una sonrisa, buena parte de su experiencia:
“Argentina es el mejor país del mundo”








